“FÚTBOL ESPECTÁCULO” MARCA VALENTIM
A principios de la década del 60, una oleada de jugadores brasileños llegó a la Argentina con el fin de enriquecer el alicaído juego local con su “fútbol espectáculo”. Sin embargo, poco hicieron estos atletas para darle brillo a los encuentros. Paulo Valentim, en cambio, fue la gran excepción.
Corre 1960 y los fantasmas de la eliminación argentina en el Mundial de Suecia dos años antes todavía rondan los campos de juego locales. Los hinchas se sienten decepcionados ante la magnitud de semejante catástrofe deportiva y critican fecha tras fecha a aquellos que defendieron la casaca nacional. El clima es espeso y, dentro de las canchas, el juego se hace deslucido.
Varios dirigentes de los clubes más importantes deciden renovar sus planteles y buscan en jugadores extranjeros la solución a sus problemas. La mira se pone en los brasileños, aquellos que habían dado cátedra en suelos suecos. En pocos meses una legión de hombres morenos cruza la frontera y estos atletas comienzan a participar del campeonato local. A Boca Juniors llegan entre 1960 y 1961 Edson Dos Santos, Almir Moraes, Orlando Pecanha (campeón del mundo en 1958), Mauro Raphael Maurinho, Dino Sani y Paulo Valentim.
De esta larga lista, la gran mayoría pasará al olvido. Paulo Valentim, sin embargo, logrará meterse de lleno en la memoria del club gracias a su juego y a sus goles, especialmente debido a los que le marcó a River Plate. Entre 1960 y 1964 el moreno delantero venció la valla de los hombres de la banda roja en diez oportunidades, lo que lo convierte en el mayor verdugo de los riverplatenses. De esos diez tantos, ocho se los hizo, nada más ni nada menos, a Amadeo Carrizo, con quien mantuvo un duelo constante a lo largo de sus años en el club boquense.
Los años sesenta, además, coincidieron con épocas en las que Boca demostró reiteradas veces su supremacía sobre el eterno rival: mientras los de Núñez sufrían debido a que el campeonato se les escapaba de las manos constantemente, los xeneizes, no sólo daban vueltas olímpicas, sino que se quedaban con estrepitosos triunfos en los superclásicos.
Uno de los artífices de aquellas victorias, tanto en suelo local como en el Monumental, era Valentim. La “número 12”, agradecida hasta el cansancio, no cesaba de aclamar a su ídolo con un cántico que ya es parte de la historia sonora de Boca: “Tim, Tim, Tim… gol de Valentim”, rezaban los feligreses auriazules ante la presencia en el templo de su salvador.
Gracias a las aventuras en el área del centrodelantero brasileño, la Bombonera rugió de júbilo una y otra vez. El moreno logró dar la vuelta en 1962 (luego de aquel recordado cotejo frente a River en el cual Valentim marcó el gol boquense y Roma le atajó el penal a Delem). Repitió los festejos en 1964, cuando Boca Juniors obtuvo el campeonato de ese año.
Pese al buen momento del plantel, Valentim, ya de 32 años, decidió que sus felices días en la ribera habían llegado a su fin. Luego de 109 partidos y 67 goles, se fue por la puerta grande para quedar en el recuerdo de millones de hinchas.
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