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¡UNA COSA QUE EMPIEZA CON B… BOYÉ! (31-05-2006)

A lo largo de la década del 40 hubo un nombre que fue sinónimo de pesadilla para los arqueros rivales. Ese mismo nombre bajaba de las tribunas en los cánticos de la hinchada xeneize: Mario Boyé.

Los más veteranos todavía recuerdan la sinfonía en los tablones. “Yo te daré, te daré niña hermosa, te daré una cosa, una cosa que empieza con B… Boyé”. Con esa música la hinchada homenajeaba partido tras partido a un hombre que no cesaba de hacerlos gritar hasta la afonía. Gracias a sus constantes conquistas Mario Boyé, “El Atómico”, se transformó en un símbolo de aquellos años dorados de Boca y del fútbol argentino.

A principios de los 40, Boca todavía no conseguía un goleador que lograra tener el poderío ofensivo de Domingo Tarascone y Francisco Varallo, sus antecesores de las décadas del 20 y 30. Sin embargo, el salvador llegó en el torneo de 1941, cuando Mario Boyé debutó en primera luego de hacer las divisiones inferiores en el club. Aquel match se disputó el 8 de junio y Boca derrotó a Independiente por 2 a 1. Su primer grito de gol llegó al siguiente domingo cuando el club de la ribera enfrentó a Lanús: a los cuatro minutos del primer tiempo Boyé toma un centro pasado y saca un derechazo que va a dar a las mallas. Fue su primer affaire con el arco… el primero de muchos.

Pese a que la hinchada xeneize llegaría a adorar al poderoso delantero y a dedicarle esa canción tan personal, los primeros años no fueron sencillos. En un partido frente a Argentinos Juniors algunos simpatizantes boqueases le gritaron “tronco” y “ropero”. Cuando le llegó una pelota y, a modo de protesta, sacó un zapatazo a ningún lado, tratando de desahogar su furia. “Me fui para los vestuario y me llegaban más insultos. Cuando llegué frente a la tribuna, me saqué la camiseta y la tiré con toda la bronca del mundo”, contó en una entrevista.

Pero las cosas comenzaron a ir en ascenso para el joven Mario y a través de goles comenzó a ganarse el cariño de la gente. Pronto ese cariño se transformó en pasión. Sus frecuentes conquistas fueron causas directas de que Boca se quedara con el primer puesto en los campeonatos de 1943 y 1944. A año siguiente, cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial y la bomba atómica estaba en boca de todos, algún ingenioso lo bautizó como “El Atómico”, debido a su poderío ofensivo.

En 1949 abandonó al club de sus amores para emigrar al Génova de Italia en donde se desempeñó por poco tiempo. Cuando volvió a la Argentina pasó a vestir la casaca de Racing durante cuatro temporadas y, tras un breve paso por Huracán, volvió a su casa, a su patria xeneize.

En 1955, cuando se encontraba en el ocaso de su carrera, Boca jugó un amistoso ante River en el Centenario de Montevideo. En el primer tiempo Boyé le marcó un gol al gran Amadeo Carrizo y el arquero riverplatense le comentó que era el primer gol que le hacía en su carrera. “Cuidate que en una de esas, si entro en el segundo tiempo, sigo con la fiesta”, le contestó Boyé. Carrizo le apostó un whisky a que no le hacía otro gol. “El Atómico” aceptó, volvió a ingresar en el complemento y le marcó tres tantos más.

En su carrera en Boca, Mario Boyé disputó 208 partidos, marcó 112 goles y dio la vuelta olímpica en dos oportunidades, 1943 y 1944.


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