GIUNTA, CON LA GARRA EN LA SANGRE (28-06-2006)
En los años 90 bajaba desde las tribunas xeneizes un canto inconfundible: “Giunta, Giunta, Giunta, huevo, huevo, huevo”. Con esas estofas la hinchada homenajeaba a uno de los hombres más guapos que vio la historia del fútbol argentino.
Luego de que Navarro Montoya le atajara el remate al Luifa Artime en la definición por penales de la final de la Supercopa de 1989, Blas Armando Giunta tomó el balón con sus manos y lo puso en el punto del penal. Era el disparo que definiría si Boca vencía a Independiente y levantaba el trofeo.
Parecía que no había nadie más adecuado para tomar aquella responsabilidad. Si bien Giunta no se caracterizaba por su pegada exquisita, el pueblo boquense sabía que era un hombre que destilaba sangre fría y guapeza. El juez pitó y el arquero Pereira fue hacia su izquierda; la pelota, a la derecha. Gol y grito. Grito y triunfo. Triunfo y vuelta olímpica. De esta manera Blas Armando Giunta, sinónimo de garra y temperamento, le regaló a su gente la primera edición de la Supercopa.
Con este hito en la historia del club, comenzó el romance entre Giunta y Boca Juniors. El volante se había desempeñado anteriormente en San Lorenzo, Cipolletti, Platense y había tenido un paso fugaz por Europa, cuando defendió los colores del Murcia, en España. Pero a mediados del 89 se puso la auriazul para enamorarse de ella como un quinceañero y defenderla hasta el dolor.
Inmediatamente quedó claro que se trataba de un jugador diferentes, un caudillo de mitad de cancha que dejaba alma y vida en cada pelota, en cada jugada, en cada acción. La hinchada retribuía su sacrificio con ovaciones inolvidables.
Aunque en algunas oportunidades cedió su puesto en el centro del campo a compañeros como Marangoni o Villarreal, su estampa brilló incontables veces en el puesto de centrojás. Allí, cerca del círculo central, protagonizó batallas campales con los rivales en las que se disputaba la pelota como trofeo.
En 1991 integró un equipo soñado, en el que también se destacaron Fernando Latorre y Gabriel Omar Batistuta. Aquel año Giunta estuvo a un paso de coronarse campeón, pero la derrota con Newell’s por penales provocó que Boca se quedara con las manos vacías. Sin embargo, en el Apertura del 92 el conjunto xeneize consiguió su revancha: logró dar la vuelta olímpica tras once años de frustraciones en el torneo local y uno de los símbolos indiscutidos de aquella conquista fue el amado Blas Armando Giunta.
A partir de allí, el volante se consolidó como uno de los jugadores más respetados por la gente boquense y durante casi toda la década del 90 hubo un grito de guerra que atemorizó a sus rivales: “Giunta, Giunta, Giunta, huevo, huevo, huevo”.
<< VOLVER
|

|