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ROJITAS, UN ÍDOLO REBELDE (05-06-2008)

Uno de los máximos ídolos del club, un jugador exquisito, un hombre provocador y rebelde. Ángel Clemente Rojas fue adorado y mimado hasta límites insólitos cuando estaba en su buena hora y fue alentado y perdonado cuando su dejadez atlética lo condenó a un ocaso lento e inevitable.
El 19 de mayo de 1963 debutó ante Vélez, en La Bombonera. Boca ganó 3 a 0 con tres goles de Corbatta, tras tres electrizantes jugadas de Rojitas. Ese día Rojitas se fue de la cancha en andas. Los jugadores de Boca recibieron 300.000 pesos por ese partido y, según cuenta la leyenda, Ángel se los gastó en una sola noche.
Sus endemoniadas gambetas y su irreverente actitud crónica hacia Amadeo Carrizo, un símbolo riverplatense, aceleraron su marcha hacia la consagración.
Se encumbró entre los mejores delanteros argentinos de la década del sesenta. Supo sortear una grave lesión en los ligamentos que lo mantuvo inactivo durante gran parte de 1963. Muchos especularon con que esa lesión iba a acabar con su carrera, pero en 1965 volvió a las canchas más ácido que nunca y fue protagonista de la estrella obtenida ese año. Ángel jugó todos los partidos de aquel torneo, algunos de ellos en un nivel increíble.
No tuvo un buen 1966 y Pedernera lo reemplazó por César Menotti, un acontecimiento que lo marginaría del Mundial de Inglaterra.
Alfredo Distéfano llegó a Boca en 1969 y Rojitas volvió a ser aquel pibe que debutó en 1963 y su fútbol fue decisivo para que Boca ganara el Nacional de ese año. Otra vez jugó todos los partidos y fue goleador del equipo junto a Madurga.
Rojitas había madurado. Ya no era el gambeteador cabezadura que se empeñaba en hacer la jugada imposible. Encontró una gambeta era positiva, siempre para adelante, generando el fútbol claro y contundente con esa estirpe que sólo tienen los cracks. Se hacía fuerte con los golpes, se agrandaba, se volvía más feroz, menos misericordioso. Sus remates al arco nunca fueron misiles, pero ahora habían alcanzado la precisión de un cirujano.
Tuvo grandes compañeros a lo largo de su paso por Boca: Norberto Menéndez, el Nene Sanfilippo, el Tano Novello, el Pocho Pianetti o el Muñeco Madurga. Entre todos se cansaron de tirar paredes letales.
Su ocaso comenzó a partir de 1971. Un año más tarde, con sólo 28 años, fue transferido a préstamo al Deportivo Municipal de Perú, pero en un partido, cansado de su condición de suplente, prendió un cigarrillo en el banco, hecho que motivó su inmediata devolución a Boca Juniors.
Volvió por la recuperación en 1973, pero ya no era el mismo. De todas formas, fue en esta etapa, en la de su decadencia, que se evidenció que los hinchas lo amaban como en el primer día, pero los dirigentes le dieron el pase libre el 31 de diciembre.
En total jugó 220 partidos en Boca (189 locales y 31 internacionales). Hizo 79 goles (67 locales y 12 internacionales). Ganó 5 títulos: 1964, 1965, Copa Argentina 1969 y los Nacionales 1969 y 1970.
Al día de hoy, en el seno del corazón del hincha boquense, está el recuerdo de aquel gran jugador que fue y será Rojitas. Algunos tuvieron la suerte de verlo, otros lo conocemos por historias… como toda una leyenda.


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La Bombonera recibe a uno de sus máximos ídolos.